Cigalus, "Intuición"

Cigalus, "Intuición"


IGP Aude-Hauterive


n.m. (del lat. cicada-): finca en la que, de una intuición, nace la intención, evidente como el canto de las cigarras.


LA FUERZA DE LA INTENCIÓN

Gérard Bertrand compra esta finca en 1995. En esa época, utiliza la homeopatía como única medicina y reflexiona activamente sobre cómo aplicarla al cultivo de la viña, que es en lo que consiste la biodinámica. Esta metodología se basa en la luz del sol, el factor más importante del proceso. Las operaciones en el viñedo (podas, labranza, etc.) y en la bodega se rigen por un calendario que se establece, fundamentalmente, en torno a dos astros: la luna y el sol.

Poco después de casarse, Gérard Bertrand se instala en Cigalus y el nacimiento de sus hijos es una revelación: quiere ofrecerle a su familia un ambiente protegido, cultivado (no explotado) y conforme con su filosofía de vida. «Habitar la tierra y respetarla: es lo mínimo. La calidad de la vida depende de ello, y ella es mi guía, mi meta. Este clima más seco, este contacto casi carnal con la tierra que azotan los vientos y baña el sol... En Cigalus comulgamos con la tierra, nos regeneramos», explica en su obra El vino a cielo abierto.

Desde 2002, Gérard Bertrand experimenta con Gilles de Baudus y Richard Planas la práctica de la biodinámica en unas cuantas hectáreas. La conversión de la finca entera se realiza de forma progresiva, con tanta prudencia como determinación. En 2010, Cigalus recibe la certificación Demeter.


ALQUIMIA ENTRE ARCILLA Y ARENA

En plena región de las Corbières, en el terreno de Fontfroide («fuentes frías»), el Domaine de Cigalus recibe los beneficios refrescantes de este entorno único. Los suelos se asientan sobre una capa de arenisca y están formados por una arena con fuerte capacidad de drenar, que se complementa con la arcilla que retiene el agua de los numerosos puntos en que el agua resurge en el entorno. Esta riqueza, en un clima semiárido, se debe controlar con una poda corta y una atención constante a la fortaleza del viñedo. A cambio, permite una gran libertad ampelográfica entre las cepas más precoces y las más tardías.

En las 75 hectáreas de la finca, Gérard Bertrand ha mantenido las decisiones del propietario anterior en lo que se refiere a las opciones heteróclitas de uva tinta (merlot, cabernet franc y cabernet sauvignon, caladoc, syrah, monastrell y cariñena) y blanca (sauvignon, chardonnay, viognier), para producir vinos excepcionales y absolutamente atípicos.

TERRENALES Y CELESTIALES

Iconoclastas por excelencia, los vinos de Cigalus disfrutan de su libertad y se salen de cualquier camino trillado. Este gran caldo imposible de clasificar se puede degustar en tinto y en blanco.

Cada cepa se vinifica por separado.

En el tinto, la uva syrah y la cariñena se encuban en tanques con sus racimos y se someten a una maceración carbónica para extraer el color más bello y los taninos más suaves. Las otras cepas (merlot, cabernet franc y cabernet sauvignon, caladoc y monastrell) se despalillan y se elaboran mediante maceración tradicional. Los jugos se ensamblan en febrero y se crían doce meses en barricas nuevas de roble francés. A continuación, se conservan un año como mínimo en botellas antes de su comercialización.

El Cigalus Rouge ofrece un equilibrio sutil, como un puente tendido entre cepas internacionales y locales. Debe su carácter único a la seda de sus taninos, la riqueza de su textura y un complejo tríptico aromático de flores, frutos y especias (peonía, arándano, cedro), nacido de este ensamblaje inédito.

El blanco, las uvas sauvignon, chardonnay y viognier se vendimian a mano, se prensan y dos tercios de los jugos realizan la fermentación alcohólica en barricas nuevas. El tercio restante se vinifica en tanques inoxidables. Solo la chardonnay tiene una fermentación maloláctica, lo que le da unos aromas de mantequilla deliciosos, en tanto que la viognier y la sauvignon conservan su intensidad. La crianza en barricas dura entre 7 y 8 meses, hasta el equinoccio de primavera, con bazuqueos frecuentes.

Con alma mediterránea, el Cigalus Blanc ofrece una riqueza y una complejidad que cautivan inmediatamente, por la mezcla de armonía y contrastes, de aromas de lavanda, pomelo rosa y pedernal en un final de boca ligero, que sigue al delicioso sabor de madera tostada.


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